Plantas huéspedes, daños e interacción con otras plagas

El minador de las hojas de los cítricos, se encuentra citado sobre más de 57 especies de plantas, y prefiere plantas de la familia Rutaceae, especialmente las pertenecientes al genero Citrus spp. (Badawy, 1967; Fletcher, 1920; Jacas et al., 1997; Latif y Yunus, 1951). Jacas y colaboradores (1997), estudiando en laboratorio la susceptibilidad a los daños del minador de 349 variedades de patrones de cítricos y 9 especies relacionadas de la familia Rutaceae, obtuvieron que sólo dos especies de entre las estudiadas presentaron resistencia frente al minador, Murraya koenigii (L.) Sprengel y Glycosmis pentaphylla (Retzius) Corrêa.

Tal como se ha mencionado con anterioridad, los daños los realizan las larvas en hojas y, en menor grado, en brotes (Figura 3a, b y c), aproximadamente a partir de finales de primavera dependiendo de la zona. En ocasiones, cuando los niveles poblacionales son muy elevados y las brotaciones escasas, pueden llegar a dañar el fruto (Figura 3d). La cutícula de las hojas atacadas se rompe con facilidad y hace que la parte dañada, se vaya desecando al contacto con el aire y el sol. Estos daños conducen a un proceso de enrollamiento de la hoja, amarilleamiento, desecación, necrosis, rotura y, finalmente a la caída de las hojas, con la consiguiente pérdida de superficie fotosintética (Garrido, 1995a).

Son atacadas más intensamente las plantaciones jóvenes, injertadas y huertos con riego localizado por disponer en todos ellos de brotaciones nuevas de forma continuada (Garrido, 1995c). Por ello, para que éstas puedan desarrollarse normalmente y alcanzar su tamaño definitivo, es necesario protegerlas del ataque del minador. En plantaciones adultas estos daños no son importantes y no afectan a la producción (González, 1997; Granda et al., 1998). Bajo nuestras condiciones climáticas, el 70-90% de las hojas que se forman un año en un árbol adulto lo hacen a partir de la brotación de primavera. El minador destruye un porcentaje de superficie elevado en verano y otoño, pero esto representa una proporción mínima en el total anual, dado que, como se ha dicho, la mayoría de las hojas se forman en primavera y éstas no son afectadas (Granda et al., 1998).

Un daño indirecto producido por el minador, y que no se da en España, pero que resulta muy grave en otras partes del mundo, es el favorecer los ataques de cancrosis. Las lesiones realizadas por las larvas, favorecen la entrada de la bacteria, Xanthomonas axonopodis pv. citri, que es el agente causal de esta enfermedad (Sohi y Sandhu, 1968; Cook, 1988). Según Graham y colaboradores (1997), los daños producidos por el insecto favorecen la infección de la bacteria de dos maneras: primero rompiendo la cutícula de las hojas, con lo que queda el mesófilo expuesto al ambiente, y por tanto libre al contacto directo de la bacteria; y después la larva del insecto que produce la herida se puede contaminar con la bacteria, llevando consigo el inóculo del patógeno a lo largo de las minas, contribuyendo a su expansión. Pero no sólo es la herida producida por el minador lo que facilita la infección por cancrosis: la mina formada por la larva del insecto permite condiciones de temperatura y humedad relativa en su interior que son muy favorables al desarrollo de la enfermedad (Chagas, 1999).

La presencia del minador de las hojas de los cítricos, puede además provocar que también cambie la importancia que hasta ahora habían tenido otras plagas (Garrido, 1996; Ripollés 1997a). El minador ocupa un nicho ecológico que antes de su aparición ocupaban otros fitófagos como pulgones, ácaros o moscas blancas. Actualmente se ha podido constatar que todos ellos pueden desarrollarse incluso en hojas atacadas por el minador. Una plaga que se ha visto directamente favorecida por la presencia del minador ha sido cotonet, Planococcus citri Risso (Homoptera: Pseudococcidae), ya que en las hojas enrolladas por el minador, ha encontrado un lugar ideal para desarrollarse y refugiarse (Garrido, 1996; Ripollés 1997a).

Figura 3.- Daños producidos por P. citrella en las hojas jóvenes de un árbol (A), en un tallo (B), en hojas (C) y en un fruto (D).