Parasitoides del minador en España

Desde la aparición en 1993 del minador de las hojas de los cítricos en España, se han citado 18 especies autóctonas de himenópteros parasitoides (Tabla 4) (Alfaro et al., 1997; Cabezas et al., 1998; Costa Comelles et al., 1995 y 1999; García Marí et al., 1997a, b y c; Garrido 1995a; Garrido y Del Busto, 1994; González et al., 1996; Lacasa et al., 1997 y 1999; Llácer et al., 1998a; Lucas 1995; Martín-Santana et al., 1996; Ripollés 1997a; Schauff et al., 1998; Urbaneja et al., 1996, 1998a y 1999; Vercher et al., 1995 y 1997; Verdú, 1996a). En 1994 se citaron solamente 4 especies (Garrido y Del Busto, 1994), y progresivamente fueron apareciendo las restantes, ello pone de manifiesto el proceso de colonización por parte de la fauna indígena que se ha producido.

Tabla 4.- Parasitoides autóctonos del minador citados en España.

Familia Especie
Eulophidae Baryscapus spp.
Chrysocharis gemma
1
Chrysocharis pentheus Chrysocharis sp.
Cirrospilus pictus
Cirrospilus variegatus
Cirrospilus vittatus
Cirrospilus sp. próximo a lyncus
Diglyphus isaea
Neochrysocharis formosa
Pnigalio agraules
Pnigalio pectinicornis
Pnigalio soemius
Pnigalio sp. o spp.
Ratzerbugiola cristata
Sympiesis gordius
Sympiesis gregori
Pteromalidae Pteromalus sp.

1.- Encontrado únicamente en las Islas Canarias.

A excepción de Pteromalus sp., la totalidad de parasitoides autóctonos pertenecen a la familia Eulophidae. Los eulófidos suelen ser ectoparasitoides idiobiontes, normalmente parasitoides primarios, cuyos huéspedes son casi siempre larvas maduras o pupas de insectos holometábolos, especialmente de insectos minadores (Bernard, 1951; Gauld y Bolton, 1988). Todas estas características (ectoparasitismo, idiobiosis, inespecificidad) las comparten la mayoría de parasitoides del minador, siendo Ageniaspis citricola la excepción más notable. La actividad de estos parasitoides se ha centrado casi exclusivamente en las larvas maduras de minador. Estas larvas son, o bien parasitadas, o bien muertas por picaduras alimenticias de las hembras adultas, que se alimentan de sus jugos.

Hasta 1997 la especie predominante en España, fue Pnigalio pectinicornis (=P. mediterraneus; (Verdú, 1996a)) (Figura 4), seguido en importancia por Cirrospilus sp. próximo a lyncus (Figura 5g) (Vercher et al., 1995; Urbaneja et al., 1998a). A partir de ese año, C. sp. próximo a lyncus pasó a ser la especie más abundante (García Marí et al., 1997b, Llácer et al., 1998a).

La acción de los parasitoides autóctonos (Figura 5 c,d,e,f y g), se ha detectado en todos los países Mediterráneos, y en algunos casos se han descrito tasas de hasta un 50-60 % de parasitismo. La tasa de mortalidad producida por el parasitismo y las picaduras alimenticias son muy similares y oscilan entre el 10 y el 15 % de larvas (Llácer et al., 1998a). El parasitismo debido a especies autóctonas aumenta a lo largo del año entre julio y noviembre (Alfaro et al., 1997; García Marí et al., 1997b; González et al., 1996; Urbaneja et al., 1998a).

A pesar de la importancia del control biológico ejercido por los parasitoides autóctonos, y en previsión que la efectividad de éstos fuera insuficiente, desde 1995, la Universidad Politécnica de Valencia (U.P.V.), el Servicio de Sanidad Vegetal y el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (I.V.I.A.), introdujeron parasitoides exóticos del minador, con el objetivo de mejorar su control. Se importaron 4 especies de la zona de origen del minador, Citrostichus phyllocnistoides, Cirrospilus ingenuus, Quadrastichus sp. (Figura 5a) y Ageniaspis citricola (Alfaro et al., 1997; García Marí, 1997b, c y d; Ripollés, 1995); desde Australia se introdujo Semielacher petiolatus (García Marí 1997b y c; Ripollés, 1995); y procedente de Colombia y Nicaragua Galeopsomyia fausta (Figura 5b)(Llácer et al., 1998b). De todos ellos, los mayores esfuerzos se realizaron con A. citricola, el único parasitoide específico conocido del minador. Este encírtido endoparasitoide, actualmente se encuentra naturalizado en algunas partes del mundo ejerciendo un buen control sobre el minador (Argov y Rössler 1996, 1998; Neale et al., 1995; Smith y Hoy 1995), mientras que el comportamiento en España, no fue satisfactorio. Después de su introducción se observaron rápidamente resultados espectaculares y una notable dispersión en el tiempo (Alfaro et al., 1997; García Marí, 1997c y d). Desgraciadamente esta especie no sobrevivió al invierno en la Península y se mantuvo solamente en las Islas Canarias, donde ejerce un buen control (García Marí, 1997b; Vercher et al., 1999). Del resto de las especies introducidas, se ha conseguido establecer Quadrastichus sp. y C. phyllocnistoides. Ambas especies se mantienen durante todo el año y son capaces de pasar el invierno (Vercher et al., 1999). Según Vercher y colaboradores (1999), los resultados obtenidos hasta la fecha Citrostichus phyllocnistoides, hace posible pensar que este parasitoide pueda reducir de forma importante las poblaciones del minador en las condiciones de la Península Ibérica.

Figura 4.- Dimorfismo sexual en las antenas de Pnigalio pectinicornis: A.- Hembra (moniliformes). B.- Macho (pectinadas).


Figura 5.- Parasitoides del minador de las hojas de los cítricos, P. citrella: A.- Quadrastichus sp., B.- Galeopsomyia fausta, C.- Cirrospilus pictus, D. Pnigalio pectinicornis, E.- Pnigalio soemius, F.- Cirrospilus pictus y G.- Cirrospilus sp. próximo a lyncus.